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Una vida que terminó demasiado pronto.

Ángel Ramírez Ortiz, director de la unidad de Bioinformática del Centro de Biología Molecular “Severo Ochoa” (CBMSO), falleció en Madrid el 5 de mayo del 2008 tras una larga batalla contra un tumor cerebral. Aún no había cumplido 42 años.

Ángel ha sido un destacado miembro de la comunidad de bioinformática estructural, campo que se ha beneficiado de sus importantes aportaciones en áreas tan relevantes como el análisis y la evolución de la estructura de proteínas, el modelado tridimensional de macromoléculas biológicas, el diseño de fármacos y el estudio cuantitativo de las complejas relaciones existentes entre la estructura química de moléculas pequeñas y su actividad biológica. Después de licenciarse en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid, recaló en la Universidad de Alcalá (UAH) para iniciar sus estudios de doctorado, que completó con estancias en centros de investigación internacionales tan prestigiosos como la universidad de Groningen (Holanda) y el Laboratorio Europeo de Biología Molecular (EMBL) en Heidelberg (Alemania). Después de defender su tesis doctoral en la UAH, completó estudios de postgrado en el Instituto Scripps de San Diego (California, EEUU) y en la Facultad de Medicina “Mount Sinai" de New York, donde llegó a constituir su propio grupo de investigación. Recuperado por la ciencia española gracias al Consejo Superior de Investigaciones Científicas, creó la Unidad de Bioinformática del CBMSO, que fue enriqueciendo con la incorporación de valiosos científicos y el desarrollo de nuevas metodologías y líneas de investigación, tanto fundamental como aplicada a los campos de la biología molecular y la farmacología.

Ángel fue autor de unas 60 publicaciones en revistas internacionales de elevado prestigio y la piedra angular para la creación de la plataforma bioinformática BIPEDD, financiada por la Comunidad de Madrid, cuya misión es aglutinar científicos de distintas disciplinas para acometer la tarea de cribar colecciones de moléculas pequeñas e identificar aquéllas que presentan el potencial de convertirse en fármacos útiles para el tratamiento de enfermedades.

Trabajador incansable, Ángel aceptaba retos que habrían disuadido a muchos otros científicos y acometía la resolución de los problemas mediante sus profundos conocimientos, una voluntad inquebrantable y un encomiable rigor. Su ejemplo ha servido de guía a muchos otros que han heredado su legado e intentarán continuar su labor, si bien su pérdida deja un enorme vacío difícil de llenar.

Descanse en paz.

[Descargar el CV resumido de Ángel Ortiz]
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